Me parece que esto no es Kansas…

Me parece que esto no es Kansas…

Supongo  que, como buenos españoles, ya estaréis hartos de escuchar eso de “en estos tiempos de crisis…” Bueno, pues oídlo una vez más:

En estos tiempos de crisis, tendemos a sesgar nuestros sueños hacia el ámbito profesional, ya que es una necesidad cultural difícil de cubrir. Quizás en épocas anteriores, pedíamos a las estrellas fugaces y  los dientes de león deseos más profundos (paz, amor, libertad, y demás) y menos terrenales (dinero, trabajo, etc.) que ahora.

Probablemente, a día de hoy, muchos  de nosotros le pediríamos al Mago de Oz un trabajo estable, justamente remunerado, en el que nos valoren como nos merecemos… Sin embargo, quizás este deseo no está tan reñido con los deseos clásicos.

En primer lugar, tenemos que tener el cerebro bien amueblado. Tenemos que contar con los conocimientos necesarios para triunfar en nuestro campo, lo que se consigue a base de formación y experiencia. Además, es importante que nuestros procesos mentales (memoria, atención, razonamiento, etc.) operen al máximo de sus capacidades y, para ello, debemos realizar un entrenamiento psicológico reglado y sistematizado, para entrenar estos procesos de la misma forma que entrenaríamos nuestros músculos para unas pruebas físicas o para una buena salud en general.

El segundo aspecto importante es tener un corazón a prueba de bombas. Las emociones son parte de nuestra vida como nuestros pulgares o nuestras piernas. Han sido seleccionadas naturalmente y chocan con la llamada selección cultural. Por ello, no solo debemos aceptarlas y soportarlas, sino que podemos ir más allá y tratar de convertirlas en una ventaja, identificándolas, comprendiéndolas, sabiendo qué emociones afectan a qué procesos mentales y, en última instancia, regulándolas. Y es que no hay emociones buenas ni malas. Hay emociones útiles o no útiles en función de la situación en la que se den.

Y por último, lo más importante es tener el valor para luchar por nuestro sueño, es decir, la determinación y la motivación adecuada para alcanzar nuestros objetivos más ambiciosos, siguiendo nuestro camino de ladrillos amarillos a pesar de todas las malvadas brujas del Oeste que nos puedan distraer en el camino.

De esta forma, parece que los deseos tradicionales resultan ser tan atemporales como los actuales, siempre que comprendamos que nosotros somos el catalizador de los mismos y que, en definitiva, depende de nosotros, de nuestras capacidades y potencialidades, el conseguir acercarnos a ellos. Con ello, dejaremos de sentirnos perdidos en un mundo extraño e impredecible y podremos volver a casa tan fácilmente como chocando nuestros mágicos zapatos de rubí.

Jaime Marcos

@Jaimemarcosred

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