¿Es bueno que tu hijo diga mentiras?

¿Es bueno que tu hijo diga mentiras?

¿Qué son las mentiras? Una mentira es una declaración realizada por alguien contraria a lo que sabe, cree o piensa, esperando que los oyentes se la crean. Se intenta inducir a error y pretende ocultar la realidad de forma deliberada. Dependiendo de la forma de mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva o exagerada.

Aunque hay mentiras que la moral considera peores que otras. Filósofos como San Agustín o Tomás de Aquino dedicaron parte de su obra en el estudio y clasificación de las mentiras, haciendo así una clasificación según su gravedad. Tomás de Aquino dividió las mentiras en: mentira útil, humorística y maliciosa.

Detrás de la mentira, normalmente, podemos encontrar una baja autoestima, inseguridad, falta de confianza en uno mismo, temor al rechazo, miedo al castigo, deseo de manipular a la otra persona…

Pero… ¿Por qué mentimos?

Las personas empezamos a mentir entorno a los 2 o 3 años, por debajo de esa edad, aunque puedan decir cosas que no sean verdad, creemos que lo que dicemos es siempre verdad. Entre los 3 y 5 años, aprendemos, a través de imitación del entorno que nos rodea, a mentir y lo que son las mentiras. Dichas mentiras se llevan al mundo de juegos e historias imaginativas. Aunque, también, se empiezan a utilizar para escapar de castigos o evitar defraudar a los seres queridos. De esta forma, la mentira empieza a fortalecerse, aunque de forma inconsciente. No es hasta los 5 años, cuando empiezan a distinguir lo que dicen cierto de lo que es mentira.

Pese a que las mentiras están mal vistas, dichas mentiras ayudan al niño, según Ekman, a:

  • Evitar ser castigado.
  • Obtener algo que no podría obtenerlo de otro modo.
  • Proteger a otras personas o a sí mismo.
  • Ganar la admiración o interés de otros.
  • Evitar crear una situación embarazosa.
  • Evitar la vergüenza.
  • Mantener la intimidad.
  • Demostrar el propio poder sobre una autoridad.

El conseguir evitar consecuencias negativas y/o el lograr algo positivo para el niño refuerza la acción de mentir, y produce una continuación de las mentiras. Según las consecuencias de dicha mentira, nos puede llevar a un aumento o disminución de la misma.

El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera

Alexander Pope

Las mentiras producen cambios en el cerebro

Varios estudios, a través de resonancias magnéticas del cerebro, llegaron a la conclusión de que el cerebro de una persona acostumbrada a mentir no es igual que el de una persona que suele decir la verdad. El cerebro de un mentiroso compulsivo tiene hasta un 14% menos de materia gris y un 22% más de sustancia blanca en el lóbulo frontal. ¿Qué significa esto?

El lóbulo frontal es la zona del cerebro encargada de los procesos cognitivos complejos. Esta parte del cerebro está relacionada con el control de impulsos, el juicio moral, las funciones motoras, los comportamientos sexuales, la socialización y la espontaneidad. Además, ayudan a la planificación, coordinación, control y ejecución de las conductas.

Los mentirosos compulsivos, al tener más materia blanca, produce que su cerebro trabaje más rápido. Pero, el menor número de materia gris reduce el espacio de almacenamiento, por así decirlo.

Las personas más propensas a mentir se preocupan menos por los asuntos morales. El exceso de mentiras puede llevar a un empeoramiento en la salud física y mental. Según un estudio realizado por Anita Kelly, la mentira puede provocar dolor de cabeza, problemas de garganta, estrés y tristeza, entre otros. Las mentiras provocan la segregación de hormonas causantes del estrés, un aumente de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial. Todo esto nos puede acarrear a consecuencias grabes para la salud.

Entonces, ¿es bueno que tu hijo mienta?

Hoy en día, corre por las redes un artículo titulado “Aunque no te lo creas, es bueno que tu hijo te diga mentiras” de Alex Stone. En dicho artículo, se apela a estudios que demuestran que mentir es una señal de inteligencia en el niño.

Si que, es verdad, que la mentira mejora las funciones ejecutivas de nuestro cerebro, la agilidad mental y la creatividad. Una mentira piadosa es buena, en parte, para el desarrollo cognitivo del niño. Una mentira exitosa, en un niño, le concede un margen de fuerza, poder y autonomía, necesario para su desarrollo.

Pero, en mi opinión, no debemos reforzar las mentiras de los niños, aunque si pasar por alto un nivel bajo de mentiras. Si reforzamos las mentiras, logramos que el cerebro del niño cambie, y esto le produzca ser más propenso a decir mentiras en su vida adulta; y, como hemos visto anteriormente, esto no es beneficioso para la salud adulta.

Si que es bueno reforzar pequeñas mentiras piadosas o humorísticas, pero se debe de ser estricto con mentiras más grandes. Para lograr una mejor sociedad, se les debe de resaltar el valor moral y de honestidad. Haciendo hincapié en esto, mejoraremos las relaciones sociales de los niños y futuros adultos, y la mejora de la sociedad.

Por Lorena Redondo Santander

@lorenaredondos

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