No todo es blanco o azul

En los últimos días hemos asistido al curioso caso del famoso vestido que, según quién lo mire o cuándo, es azul y negro o blanco y dorado. Este fenómeno, que nos ha dejado boquiabiertos a más de uno, demuestra que estamos limitados por nuestras percepciones y nuestros sentidos, y que creamos nuestro propio mundo y nuestra propia realidad.

 

En este ejemplo nos queda muy claro: hay gente que ve el vestido azul y gente que lo ve blanco (incluso hay gente que lo ha visto alguna vez de un color y alguna vez de otro). Sin embargo, en otras ocasiones, y a través de otros sentidos, el límite es mucho más difuso.

 

Creamos mapas mentales de la realidad a través de nuestra percepción, pero también a través de nuestra atención y memoria, emociones y creencias, influyéndose y retroalimentándose las unas con las otras.

 

A partir de la interacción entre nuestra genética y nuestro entorno, a lo largo de nuestra vida aprendemos cierta información que, cuando la consideramos pautada o estable nos ayuda a establecer creencias (estereotipos, expectativas, ideologías, atribuciones causales, prejuicios…). Estas van a determinar, a su vez, lo que nuestros sentidos nos dicen.

 

De esta forma, si repetidas veces nos roba o nos ofende gente pelirroja, podemos establecer la creencia, a través de nuestra experiencia, de que los pelirrojos son gente que roba. Si además, hemos aprendido que robar está mal, y que la conducta implica identidad, podemos crear la creencia de que los pelirrojos son malas personas. Esta creencia determinará nuestro comportamiento hacia este sector de la población, e incluso nos orientará a la hora de conocer a un pelirrojo, haciendo que nos fijemos solo en los rasgos del mismo que apoyen nuestra creencia, lo que chocaría con las creencias de otras personas que hayan tenido buenas relaciones con pelirrojos o que se hayan informado lo suficiente como para saber que no todos los pelirrojos roban o que las acciones de los individuos son independientes del color de su pelo.

 

De esta manera tan tonta, si tenemos experiencia de fracaso nos consideraremos unos fracasados, y nos fijaremos en los aspectos de nuestro rendimiento negativos que apoyen nuestra teoría.

 

Si nos dan calabazas, pensaremos que no se nos da bien ligar o que somos feos, con lo que, quizás, dejaremos de intentar ligar y de cuidarnos.

 

Si perdemos a un juego, pensaremos que somos malos en ese juego, o en todos los juegos.

 

Si a un niño le decimos que siempre se porta mal, pensará que es malo y actuará en consecuencia (o si no le decimos exactamente eso pero es lo que entienda).

 

Si suspendemos, creeremos que se nos dan mal los estudios, que somos tontos y podremos acabar abandonándolo.

 

Si aprendemos que nos pegan cuando nos portamos mal, es posible que pensemos que nos estamos portando mal cuando nos pegan.

 

Tenemos acceso a un conocimiento tremendamente limitado del mundo, al que miramos a través de las distorsionadas gafas de nuestras creencias, que son distintas de las de cualquier otro. Por ello, debemos fiarnos muy poco de lo que veamos y darle oportunidades a todos y a todo, a través de nuestros actos. Recordad que no hay manera empírica de demostrar que vemos los mismos colores. Quizás a lo que llamamos azul, cada uno lo veamos diferente y, aunque se ha demostrado que el vestido es azul…

 

¿Veo yo el mismo azul que tú?

 

 

 

Jaime Marcos

@Jaimemarcosred

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