Uno, dos, tres… ¡Trival!

Uno, dos, tres... ¡Trival!

He pasado estos últimos siete meses de mi vida, haciendo el mismo trayecto para ir y volver de La Canaleja. Podría decirse que pasé de no conocer San José de Valderas a vivir allí, pero esto no es para nada una queja, pues agradezco cada uno de los minutos de todos estos siete meses que he pasado en el Trival Valderas de Alcorcón.

Elegí estas prácticas, hace dos años, cuando un amigo mío decidió hacerlas para probar qué era eso de la psicología deportiva. Yo, que llevaba cuatro años estudiando una carrera con el objetivo de dedicarme a ella, al ver el listado de prácticas sentí que, fuera como fuera, al año siguiente tenía que estar allí.

Y así llegó octubre, un año después, mi oportunidad. Empecé la experiencia con ganas, en la carrera no te cuentan nada sobre esta especialidad, y yo estaba deseando saber más. Lo que no sabía era que, mis prácticas con la UPAD en el Trival Valderas, no iban a ser sólo una experiencia profesional.

Como experiencia académica y profesional un diez, creo haber aprendido mucho, he participado en todo lo que he podido, haciendo cosas que nunca había hecho antes, he formado parte de un equipo con todo lo que ello conlleva, me he equivocado, he rectificado y he vuelto a aprender. Muchas emociones: frustración, alegría, ambición, miedo,…; han pasado por mi cuerpo durante este tiempo. Pero aún me queda mucho por crecer, esto solo es el principio del partido y acabo de saltar al campo.

Lo que no me esperaba, era que esto se convertiría en una parte más de mi vida. Además de un club de fútbol, aquello es un pueblo, una familia. He conocido un montón de personas de tamaños y edades diferentes, con distintos tonos de piel y cortes de pelo. Algunas probablemente no las vuelva a ver cuando acabe, otras me las llevo para siempre. Pero todas y cada una de ellas formarán parte de lo que aquí viví, de mi Trival Valderas:

Abrir la Canaleja con Álvaro cada día para los entrenamientos del Juvenil A; la voz tan característica de Pacheco; las advertencias de Nacho para que no se cayese ni una miga; las tardes de lunes y jueves que pasé sentada en esa salita azul con Carlos, y el resto de mis compañeros; los talleres de Ana, los míos; los juegos con los más peques; las alegrías y las penas tras cada partido, las caras de cada uno de los jugadores tras las derrotas, las sonrisas tras las victorias, la superación de cada dificultad; mi llegada al Cadete C; las risas con Verdu, Pablo, Santa; los 21 cadetes que me cambiaron la idea que tenía sobre trabajar con adolescentes, para mejor, con sus risas, sus bromas, sus gritos, sus canciones, sus quejas, su cercanía, su inocencia; todas las risas, muchísimas risas; mis tardes viendo partido tras partido del Trival, sin importar cuál fuera la categoría, porque hay que apoyarles a todos; mis viajes en autobús con el Juvenil; Gordo y su control de todos los detalles; todas aquellas personas que se fueron, pero coincidieron conmigo en este camino; el Juvenil C; el Trival B; el Tercera, etc.

Tantísimas cosas y personas que no acabaría nunca. Agradecida digo, que todo esto es lo que viví mientras aprendía.

Salgo de La Canaleja más convencida de que este es mi mundo, mi camino y lucharé por él, partido a partido. Para mí solo se termina un comienzo, a partir de aquí, cojo impulso y a por todas, a conseguir aquello que me propuse hace 5 años. Porque querer es poder, y a mí ganas no me faltan.

Gracias al club, a la UPAD, a cada una de las personas que he conocido, a todas las cosas buenas que he vivido y a todo lo que he aprendido. Gracias por enseñarme a vivir esta profesión y darme el escenario para hacerlo.

¡Yo soy del Trival!

Por Marta Bueno, estudiante en prácticas de la UCM.

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