4 distorsiones cognitivas en el deporte

4 distorsiones cognitivas en el deporte

Las personas interpretamos las situaciones que se nos plantean a lo largo de nuestra vida. Por esta razón, la realidad como tal no existe, sino que lo que existen son las interpretaciones que realiza cada persona de cada situación. Es decir, una misma situación puede ser interpretada de manera diferente por dos personas distintas.

Las distorsiones cognitivas son fallos a la hora de interpretar la información de las situaciones y la mayoría de las veces se presentan como pensamientos automáticos, que son aprendidos, espontáneos y, por tanto, difíciles de desviar, suelen ser mensajes breves y muy específicos, y se expresan a menudo en términos de imperativos categóricos como por ejemplo “tengo que”, “debería de…”o “he de…”.

Para evitar las distorsiones cognitivas primero hay que identificarlas. Una vez identificadas, se buscan pensamientos alternativos más realistas (pensando en conductas observables y objetivables que desmientan la distorsión) para sustituir un pensamiento por otro.

Las 4 distorsiones cognifivas más frecuentes

1. Sobregeneralización

La sobregeneralización consiste en extraer conclusiones de unas pocas experiencias y aplicarlas a situaciones no relacionadas.

Ejemplos: si he fallado un penalti pues “no voy a meter un penalti nunca”, si he realizado un mal pase pues “no sé dar buenos pases y no voy a dar un buen pase nunca”.

Este tipo de distorsión cognitiva se caracteriza por los términos absolutos: siempre, nunca, todo, nada. Para evitarla, cambia las expresiones que generalicen por otras como “a veces”, “es posible”… y busca pruebas que certifiquen las excepciones de las generalizaciones. Una mala experiencia no debería marcar todas las demás.

2. Razonamiento emocional

El razonamiento emocional consiste en pensar que lo que se siente emocionalmente es la realidad.

Ejemplo: no me ha salido un ejercicio que ha propuesto el entrenador y como me siento fracasado pues “soy un fracasado”. El principal problema de esta distorsión es que puede llevar a la sobregeneralización. En el ejemplo anterior: “Soy un fracasado en la vida”.

Esta distorsión puede aparecer cuando no manejamos correctamente nuestras emociones, y no somos conscientes de que ello puede hacernos creer cosas que no son ciertas. Por esta razón, es importante identificar nuestras emociones y las de los demás y saber manejarlas correctamente.

3. Sesgo confirmatorio

El sesgo confirmatorio es la tendencia a prestar atención de forma selectiva solo a la información que confirme nuestras suposiciones, ideas preconcebidas o hipótesis, independientemente de que éstas sean verdaderas o no, ignorando lo demás.

Ejemplos: si pienso que no doy buenos pases solo me centro en los pases que no doy bien y no presto atención a aquellos que doy correctamente; si pienso que soy mal tirador me fijo en las canastas que fallo pero no en las que anoto.

Esta distorsión conlleva una serie de peligros. En primer lugar la falta de criterio, ya que minimizamos aquellos datos que contradicen lo que pensamos. En segundo lugar la búsqueda de información de manera sesgada. Buscar la información que confirme nuestras ideas impide tener una visión completa de los problemas y, por tanto, de las soluciones posibles. Por otro lado, favorece el recuerdo selectivo ya que recordamos mejor aquello que concuerda con lo que pensamos, aunque esto sea negativo. Y, finalmente, tendemos al prejuicio recibiendo con hostilidad aquello que prejuzgamos. Esto último tiene que ver con la profecía autocumplida (las expectativas que una persona tiene sobre una situación hace que se terminen cumpliendo porque sus actitudes y comportamientos van, inconscientemente, en la dirección que haga que se cumplan esas expectativas previas).

4. Los debería

Los “debería” sería el modo de centrar nuestra atención en aspectos no deseados. Tienen que ver con expectativas o demandas internas sobre las capacidades o habilidades tanto personales como de los demás sin analizar si son razonables en el contexto en el que se dicen.

Ejemplo en el contexto interno: “debería ser mejor placador”. Ejemplo en el contexto externo: “mi entrenador debería haberse dado cuenta de que me he esforzado y haberme sacado de titular”.

Los debería suelen surgir como respuesta a normas sociales y el hecho de sentir que “nunca es suficiente” genera presión y ansiedad, haciendo que manifestemos o no conductas que no necesariamente favorecen nuestra felicidad como deportistas.

¿Te sientes identificado con alguna de estas distorsiones? No te desanimes, identifícalas y tu rendimiento deportivo se verá incrementado.

Por Sofía Peláez Frontera

@SofiaPelaez09

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