Adicción al deporte, ¿es posible?

Adicción al deporte, ¿es posible?

Es sabido que la práctica del deporte es un factor esencial para el bienestar psicológico de una persona (Medicina Deportiva en Atención Primaria, 2006). Además, está inmerso en la gran mayoría de ámbitos de nuestra vida como son el trabajo, la educación y el ocio. Con él, se busca el desarrollo de las personas, la construcción del ego, el perfeccionamiento del cuerpo, la belleza, el desarrollo mental, la inteligencia y hasta la creatividad. Debido a la segregación de hormonas, se sabe que el ejercicio físico genera sentimientos de alegría y buen humor, además de ser una forma de liberar el estrés acumulado día a día. Tanto es así, que en el ámbito educativo y laboral utilizan el deporte como una forma de mejorar la comunicación entre personas y el trabajo en equipo, fomentando una actitud positiva y un estilo de vida más saludable.

¿Cuándo el deporte deja de ser sano?

Sin embargo, en el siglo XX, se deja de concebir el deporte ligado a fines educativos para dar paso a una era en la que predomina el narcisismo y hedonismo. Cada vez hay más formas de hacer ejercicio pero concretándose en un fin específico: la culturización narcisista del cuerpo. Asimismo, cada vez es mayor la demanda de deportes de riesgo como una manera de encontrar sensaciones extremas, una forma de ponerse a prueba, al límite que produce sensaciones de placer, diversión y te conecta con la naturaleza y con los individuos.

Adicción al deporte

Todo ello nos ha llevado a considerar la dependencia o adicción al deporte, que ya fue considerada por Baeckland en 1970, en la que observó patrones de sueño alterados, aumento de ansiedad, tensión sexual y necesidad de estar rodeado de otras personas en los momentos de privación del ejercicio físico. La persona “adicta” siente una compulsión y una necesidad fuerte de realizar ejercicio aunque ello implique un posible deterioro físico o el abandono de sus relaciones sentimentales, o incluso afecte en el ámbito laboral. A día de hoy es considerado un problema psicosocial y sanitario, en el contexto de una Teoría Social del Deporte y de las Emociones (Maguire, 1991).

Debido a la dificultad en encontrar los límites donde la práctica deportiva comienza a ser perjudicial, se hizo esencial investigar los criterios bajo los cuales se distinguiera el uso, abuso y dependencia o adicción del mismo. En un intento por clasificar esta dependencia, la acepción más apoyada – aun con mucha controversia- ha sido encajar esta adicción en el terreno de los procesos adictivos (DeCoverley, 1987).

Fases de la adicción al deporte

Para una mejor comprensión de cómo se llega a ser dependiente, Gándara y sus colaboradores (1999) establecen una serie de fases:

  1. Apetitiva: pruebas algo y te gusta.
  2. Ejecutiva: aprendes a hacerlo y lo repites.
  3. De saciedad: abusas de ello hasta llegar a la saturación
  4. De abstinencia: intentas abandonarlo pero no puedes, la voluntad vence.
  5. De adaptación: en la que puedes mantener, estabilizar o agravar o abandonar la práctica deportiva.

Existen muchas investigaciones acerca de qué es lo que causa esta adicción. Desde el ámbito de la fisiología, se ha comprobado que el ejercicio regular e intenso produce la liberación de opioides endógenos que causan dependencia. Desde el ámbito de la psicología,  se demuestra que las recompensas derivadas del ejercicio, como son: aumento de la salud física y del estado de ánimo, de las relaciones sociales, de la autoestima y el bienestar, llevan al individuo- en algunos casos- a abusar del mismo, desembocando en un proceso similar al consumo de drogas.

¿Cómo influye la motivación en la adicción al deporte?

Finalmente, un psicólogo deportivo francés (Bouet) explicó el proceso de adicción mediante la motivación, donde explica que el ejercicio se practica de una manera proporcionada al placer que de él se derive. Probablemente sea una de las explicaciones más entendibles de cómo se produce esta dependencia. Según este autor el proceso tiene tres características: dependencia, tolerancia y abstinencia. Comienza con la sensación de placer que produce la actividad deportiva que después se traducirá en una necesidad de aumentar el ejercicio – en la frecuencia como en la intensidad- para alcanzar la misma satisfacción, y acabando en un incremento excesivo de la actividad física que propiciará la aparición de síntomas como la fatiga, la depresión, la soledad, debilidad, agotamiento e irritabilidad.

Con todo ello queda plasmado que aun el deporte siendo fundamental para el bienestar físico y psicológico, todo hay que hacerlo en su justa medida, sin excederse, pues puede conllevar consecuencias negativas. Además, es un buen ejemplo del cambio que se está produciendo en la sociedad, cada vez más preocupados por el cuerpo físico o la belleza, que se traduce en una era de narcisismo como se ha dicho previamente.

Por Andrea Elena Cabello Urquiola

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