Desarrollo personal: quiero cambiar pero no sé cómo

Desarrollo personal: quiero cambiar pero no sé cómo

¿No os ha pasado nunca eso de saber que algo no va bien y sentir que no tenéis las herramientas para cambiarlo?

Seguro que en algún momento de vuestra vida os habéis planteado algún objetivo, puede que fueran metas pequeñas, pasar determinado examen o conseguir ir al gimnasio de manera –un poco más- frecuente, sabéis cuáles son los pasos, no es tan difícil, pero no termináis de conseguirlo.

También puede ser que hayáis visto que en determinadas situaciones os comportáis siempre de la misma forma y que nos os termina de convencer. Puede que incluso se os cruce por la cabeza el típico pensamiento de “otra vez estoy igual” o “esto no debería de haberlo hecho de esta manera”.

No te preocupes, eres… normal.

En nuestro día a día hay diferentes áreas a las que tenemos que prestar atención y no son pocas.

Tenemos que cuidar de nuestras relaciones personales, la famosa vida social. Que si tengo que llamar a mi madre para saber cómo está, mi amigo está agobiado por un examen y quiere desahogarse conmigo, mi pareja dice que estoy en mil cosas y no le presto atención. Además, súmale que tengo que estudiar, trabajar, tener actividad física, actividades de ocio, comer sano, verme bien físicamente y, ¡espera!, llevar todo esto con calma y tranquilidad.

La atención es un recurso limitado. Por desgracia ni somos omnipotentes ni omnipresentes y puede ser que en determinado momento te hayas planteado cambiar algunos aspectos de tu vida, pero no sabes muy bien cómo.

Claves para hacer cambios en nuestro desarrollo personal

Cuando pensamos en un cambio que nos gustaría hacer, tendemos a centrarnos en cómo nos gustaría ser, en qué cosas nos faltan para conseguir lo que queremos y, a menudo, nos olvidamos de nuestros recursos personales, que son los que realmente nos ayudarán a alcanzar nuestras metas.

Entonces, ¿cómo lo hago?

Fíjate objetivos, ¿qué te gustaría conseguir?

Puede que no te resulte fácil de primeras saber qué es lo que quieres conseguir. Si hablamos de metas laborales o académicas puede ser sencillo, pero si empezamos a plantearnos cómo nos gustaría relacionarnos o qué aspectos personales nos gustaría intentar modificar, la cosa se complica.

Las metas deben ser pequeñas al principio, deben fijarse en un periodo de tiempo. No te olvides de que sean realistas y alcanzables, no vale eso de “yo no quiero equivocarme nunca” o “yo quiero estar siempre feliz”.

Trabaja paso a paso, ¿por dónde vas a comenzar?

No dejes que la autoexigencia domine tu vida. Es importante contar con las expectativas de lo que sucederá y pedirnos un poco de esfuerzo para conseguirlo, pero dentro del camino se admiten los tropiezos.

Pide ayuda, ¿tienes los recursos suficientes?

A veces nos resulta complicado abrirnos y pedir ayuda a las personas que tenemos cerca porque pensamos que nos vamos a encontrar con una negativa.

Un consejo: pon en práctica tu asertividad.

La asertividad es la capacidad de comunicar lo que pensamos o sentimos, respetándonos a nosotros mismos y a la persona a la que nos dirigimos.

Ser capaces de expresar nuestras emociones y pedir ayuda, sin exigir ni obligar, es un entrenamiento que puede tener muchos beneficios.

¿Y si decido iniciar una terapia?

No hace falta estar loco para ir al psicólogo, seguro que a estas alturas ya has escuchado esa frase más de una vez.

Hay momentos de crisis del ciclo vital en los que no ha ocurrido algo especialmente grave pero no nos encontramos con buen estado de ánimo y necesitamos un poco de ayuda.

Las crisis del ciclo vital aparecen en los momentos de cambio que son vividos por la mayoría de la población. Por ejemplo, esos momentos de cambio pueden ser independizarse, comenzar los estudios, el primer trabajo, que nos despidan, casarse o tener hijos, entre otros muchos.

A veces la situación en sí misma no es el problema, a veces el problema es la forma que estamos teniendo de afrontarlo.

No se trata de cambiar nuestra esencia ni de convertirnos en una nueva persona. Se trata de descubrir nuestras fortalezas y utilizarlas, ser conscientes de nuestros puntos débiles y saber de dónde vienen para poder entenderlos y modificarlos.

Visto así, eso de hacer terapia no da tanto miedo, ¿no?

Por Raquel Ruíz Juárez

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