Psicología aplicada a la conducción

Psicología aplicada a la conducción

¿Sabías que existe una rama de la Psicología que se dedica a investigar acerca de la forma de conducir de la gente? Pues sí, existe. Y actualmente es una de las disciplinas con mayor crecimiento y desarrollo dentro de esta interesante ciencia.

Esta área de la Psicología parte de una premisa inicial: tu forma de ver la vida es un reflejo de tu conducción, es decir, tus actitudes influyen enormemente en tu modo de conducir. Por aterrizar un poco la cuestión imaginemos a una persona joven que acaba de obtener el permiso de conducir frente a un conductor experimentado. En ambos casos el desempeño al volante estará marcado por un par de factores importantes, a saber:

  • Actitud hacia la conducta (qué pienso de mí mismo cuando llevo a cabo dicha conducta).
  • Norma social subjetiva (qué creo que piensan los demás cuando llevo a cabo la conducta).

Pues bien, imaginemos una situación típica de la conducción en carretera. Se trata del mantenimiento de la distancia de seguridad con el vehículo que llevamos delante. La diferencia entre el conductor menos experimentado y el veterano  radica en que en el caso del primero su razonamiento acerca de su conducta está plagado de sesgos, es decir, simplificaciones de la realidad tan burdas que algunas son completamente irreales.

Diferencias cognitivas entre el conductor novel y el experimentado

El conductor novel suele reflejar la llamada ilusión de control, es decir, una visión optimista acerca de su capacidad de controlar el vehículo en caso de que el conductor de va delante frene. Por eso se acercará de forma más imprudente con su coche. Si a esto añadimos la ilusión de invulnerabilidad, es decir, la idea absurda que presenta gran parte de la población a percibir que las probabilidades de que a uno mismo le ocurran cosas malas son menores que para el resto, o el falso consenso, es decir, la creencia de que la actitud imprudente al volante es un hecho aceptado socialmente porque todo el mundo lo hace, el accidente automovilístico está casi cantado.

En el caso del conductor prudente y con experiencia se hace más difícil que actúe de ese modo debido precisamente a su amplio recorrido como conductor. En su memoria probablemente haya más accidentes (vividos en primera persona, contados por otros, vistos en las noticias…), lo cual impide que se dé el sesgo confirmatorio, es decir, un atajo bastante retorcido de la mente que consiste en presentar como más fresca y radiante en la memoria la información que confirme nuestra actitud alocada (los jóvenes tienen mejores reflejos que los mayores, un golpe por detrás no es tan grave como un choque frontal…).

¿Conducen mejor las mujeres que los hombres?

No podemos terminar este artículo sin abordar uno de los temas más controvertidos de la historia de la conducción. El tópico por excelencia: dicen por ahí que las mujeres conducen peor que los hombres. Conducción y género, un tema de conversación que nunca se agota. La Psicología está llena de valientes y por eso nos metemos de lleno en este jardín.

Recordemos los factores que intervienen en la conducción: actitud y norma social subjetiva. Pues bien, en el caso de las mujeres resulta que, en los grandes números, su pesimismo acerca de las consecuencias de un accidente es mayor que el caso de los hombres. Además, su percepción sobre su propia actitud y experiencia al volante tiende a ser más moderada que para los hombres, es decir, éstos suelen pensar que su experiencia al volante es amplia y suficiente para poder experimentar mayor sensación de control. Un último apunte señala que en el caso de las mujeres, éstas tienden a percibirse como más proclives a verse involucradas en un accidente, suelen experimentar emociones más intensas y considerar más las normas sociales al volante, comparadas con los hombres. Por otro lado, los porcentajes de hombres y mujeres conductores implicados en accidentes de tráfico son muy similares cada año.

Quizás podamos concluir que hombres y mujeres, a nivel poblacional, conducimos de forma diferente aunque esto no supone un mejor o peor desempeño en la tarea. Simplemente, y por fortuna, todos somos distintos.

Por Salvador Peralta Arronte.

@SalvadorPeralt1

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