La química cerebral del enamoramiento y del amor

La química cerebral del enamoramiento y del amor

El amor adopta diversas formas y varía según las personas y los momentos. Al igual que nuestra sexualidad es única e irrepetible, la forma en la que expresamos nuestro amor también lo es. Sin embargo, igualmente existen ciertos indicios comunes en el amor, así como en su química cerebral; no obstante, esta tampoco es fija y depende de las circunstancias. Desde siempre hombres y mujeres se han amado. Estar enamorado es algo que le pasa a todo el mundo de manera involuntaria y transitoriamente, de forma que el amor acaba por convertirse en apego, y además nos enamoramos todos y todas, a pesar de las diferencias, de manera parecida, presentado los mismos “síntomas”.

Hormonas implicadas en el enamoramiento

El amor se produce universalmente gracias a la acción de ciertas estructuras en el cerebro y sustancias químicas. Helen Fisher realizó un estudio en el 96 con el fin de conocer cuáles eran dichas estructuras y sustancias. Las hormonas que más tienen que ver con la pasión romántica son la dopamina, la norepinefrina y la serotonina. Veamos cómo actúan cada una de ellas:

Dopamina

Los principales efectos que esta hormona produce y que son clave en el enamoramiento son: alta atención (no se deja de pensar en el amado), motivación y una conducta orientada a un objetivo. También hemos de mencionar que está relacionada con el aprendizaje de estímulos novedosos, la preferencia y, por supuesto, el éxtasis. Se relaciona también con la adicción y ¿no es la fase de enamoramiento, en cierto modo, una adicción? Y, cómo no, es la precursora del deseo sexual, pues a mayores niveles de dopamina, mayores niveles de testosterona.

Norepinefrina

Derivada de la dopamina, produce efectos prácticamente idénticos. Igualmente, tiene un especial papel en la capacidad de recordar nuevos estímulos, lo que puede explicar el que cuando estamos enamorados recordamos hasta los más nimios detalles.

Serotonina

Al contrario que las dos anteriores hormonas, cuyo papel en el amor es su aumento, el de la serotonina en su descenso. Cuanto mayores son los niveles de dopamina y norepinefrina, menores son los de serotonina lo que explica la habitual conducta propia de los enamorados: ritmo cardiaco acelerado, fantasías casi continuas, etc.

Sin embargo, no todo es tan sencillo. Los niveles de cada una de estas sustancias variarán a lo largo de la relación amorosa o de si se vive con felicidad o si ha sido rechazado, así como que también variarán sus efectos dependiendo de la zona cerebral en la que actúen.

Como veníamos diciendo, el enamoramiento actúa como una droga. Activa estructuras del cerebro que forman parte del sistema de recompensa de este, como las drogas. Esto lleva a que los enamorados gasten gran parte de su energía (gracias a la dopamina) en centrar la atención en la persona amada, en detectar la recompensa, motivarnos y planificar los movimientos para conseguirla.

Cómo actúa el amor en el cerebro

Como sabemos, cuando nos enamoramos de alguien pasamos por dos fases: esta primera fase de enamoramiento (que sería la fase más “adictiva”) y la fase en la que el enamoramiento para a convertirse en amor, entendido este como querer a la otra persona, viéndola de una forma más realista.

El amor entraña estos otros dos impulsos para el emparejamiento. Cada uno de ellos actúa de forma diferente en el cerebro y con diferentes sustancias químicas:

Deseo

Su función es hacernos elegir una pareja y procrear con ella. influyen en los niveles de testosterona, lo que quiere decir que si aumentan los niveles de testosterona aumenta el impulso sexual, y si desciende, el impulso sexual también. Esta hormona afecta por igual a hombres y mujeres en lo que a deseo sexual se refiere. Por ejemplo, las mujeres tienen más apetito sexual en el periodo de ovulación, pues es cuando sus niveles de testosterona aumentan, al igual que con la edad, la testosterona desciende y así el deseo. El amor estimula el deseo porque, en general, la dopamina y la norepinefrina estimulan la liberación de testosterona.

Apego

Los primeros síntomas de la fase de enamoramiento (si la relación persiste) se convierte con el paso del tiempo en apego, caracterizado por sentimientos de seguridad, tranquilidad y unión con la otra persona. Se cree que la principal estructura cerebral relacionada con el apego es el hipotálamo y que las principales hormonas que segregan son la vasopresina y la oxitocina, segregada esta última también por las gónadas (los testículos y los ovarios). La oxitocina se libera en todas las mujeres durante el parto, ayuda a las contracciones del útero y a la fabricación de leche, así como a la unión emocional de la madre con el hijo. También se cree que está relacionada con los sentimientos de apego con los adultos. Durante una relación sexual, estas dos hormonas se segregan en dos momentos clave: durante la estimulación de los genitales y durante el orgasmo, cuando aumentan los niveles de vasopresina en los hombres y los de oxitocina en las mujeres, y son gracias a ellas que experimentamos esos sentimientos de cercanía y apego tras un orgasmo o una agradable relación sexual.

Conclusiones

Cómo afecta la dopamina (amor) a la oxitocina y la vasopresina (apego), todo depende. La dopamina y norepinefrina pueden estimular a la liberación de vasopresina y oxitocina, con lo que el apego aumenta. Sin embargo, también puede pasar que la oxitocina interfiera en la dopamina y la noradrenalina, de forma que disminuye el amor, esa motivación para buscar la recompensa.

Desde el punto de vista evolutivo, todo esto tiene lógica, pues el amor está para buscar pareja y copular con ella para la reproducción y así a la supervivencia de la especie humana. Más tarde, una vez nacen los hijos se necesitan de otras sustancias para que madre y padre los críen juntos, y de ello se encarga la química del apego.

A pesar de que la secuencia del amor “normativa” es enamorarnos, sentir impulso sexual y apegarnos a esa persona, esta secuencia igualmente puede variar (por ejemplo, podemos estar acostándonos con alguien y al cabo de unos meses enamorarnos de él o ella).

Por Brenda R. Bodemer.

@psicobodemer

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