Ayúdame a tener éxito: enséñame a cooperar

Ayúdame a tener éxito: enséñame a cooperar

Cooperar es uno de los caminos que podemos recorrer en la búsqueda del éxito en la sociedad actual, donde todos estamos conectados unos con otros; la capacidad de comunicarse y de trabajar con los demás, de afrontar y solucionar conflictos, es fundamental hoy en día. En este artículo analizaremos algunas claves para tener éxito a través del trabajo en equipo.

La cooperación podría considerarse como la mano invisible que une a un grupo de personas para que entre todas consigan una meta.

No se puede negar que la competición es algo natural e innato en el ser humano, que aporta multitud de beneficios y recursos a las personas, pero sí la palabra competir tiene algo implícito, eso es que hay un ganador y un perdedor. Lo ideal podría ser integrar ambas capacidades en la educación de nuestros hijos, la competición y la cooperación, ambas en su justa medida y equilibrio.

Cooperar para tener éxito

En las aulas tradicionales, se suele romper dicho equilibrio ideal y se da más importancia a la competición que a la cooperación. Un ejemplo que refleja esta afirmación y que a todos seguramente nos ha ocurrido en nuestra niñez o adolescencia alguna vez, puede ser el siguiente:

La profesora me ha entregado el examen de la semana pasada, si saco un 10 cuando toda la clase ha sacado un 10, puedo pensar que no tiene importancia; en cambio, si saco un 5 cuando toda la clase ha suspendido, puedo pensar que “soy un crack”.

El modelo de enseñanza en las escuelas no ha cambiado a tanta velocidad como lo ha hecho la sociedad en los últimos años.

En la revolución industrial, se diseñaban los futuros trabajadores pasivos que montarían la misma pieza durante 12 horas, tan rápido como les fuese posible. El objetivo era centrarse en el estudiante como individuo pues para su trabajo no necesitaría la colaboración con otras personas. Pero la sociedad ha cambiado mucho, las relaciones con los demás son esenciales hoy en día, el poder trabajar en grupo de manera asertiva y eficiente resulta fundamental.

Entre otras, la habilidad para comunicarnos con los demás no se nos da caída del cielo, como cualquier otra capacidad, es necesario entrenarla día a día y trabajar en ella constantemente.

Modelo de arendizaje cooperativo

Nuestro gran reto como formadores es adaptar la educación a la sociedad actual y aunque poco a poco lo estamos consiguiendo todavía nos queda un largo camino por delante.

Una de las muchas claves para adaptar el modelo educativo de nuestros niños a la sociedad del siglo XXI, podría ser el aprendizaje cooperativo. ¿En qué consiste? Pues sencillamente en que para alcanzar los objetivos sea necesaria la colaboración de todo el grupo, tal y como ocurre en la sociedad actual. Depender de otras personas para conseguir un resultado beneficioso para todas se denomina interdependencia positiva, concepto que es la base del aprendizaje cooperativo.

Evidentemente existen muchas formas de educar a un niño, todas ellas válidas según los objetivos que se persigan, siempre y cuando el fin último sea el bienestar de los pequeños. Aquí proponemos una de ellas especialmente efectiva en niños de primaria con la meta de fomentar la colaboración de unos con otros.

Para colaborar se crean equipos de trabajo heterogéneos en edad, etnia, conocimientos, rendimiento, etc… de la misma manera que ocurre en el mundo que nos rodea en el que todas las personas somos diferentes.

Es de gran importancia la diversidad del grupo pues el contacto, el pasar tiempo con otras personas, es el único camino para desarrollar la tolerancia y el respeto.

¿Cómo podemos aplicar el aprendizaje cooperativo en el ambiente educativo? Un ejemplo que nos ayudará a entender en qué consiste este método puede ser el siguiente:

Los grupos pueden estar formados por unos 4 o 5 niños, donde todos tengan el mismo estatus (todos sean iguales), pero no el mismo rol (dividir el trabajo en parcelas). Es recomendable tener gran variedad de: capacidades, habilidades, rendimiento, posiciones, etc.

Una vez conformados los grupos, procedemos a explicar la actividad a desarrollar, por ejemplo un ejercicio de salida de balón. Se establecen los objetivos y las normas. En la explicación planteamos un problema (¿porqué no tuvimos una buena salida de balón el partido pasado?) y a partir de ahí, fomentamos un diálogo para debatir y encontrar posibles soluciones que posteriormente contribuyan a resolver la actividad.

En un principio, cedemos el control a los propios miembros del grupo de 5 (son responsables tanto de ellos mismos-autocontrol– como del comportamiento del resto de miembros del grupo). Se les concede un papel activo a los niños, para que puedan descubrir la solución a la salida de balón entre todo el grupo.

Como se comentó anteriormente, en el grupo habrá defensas, mediocentros y delanteros y para conseguir una salida de balón clara se necesita la colaboración de cada uno de ellos. El defensa es el primero en recibir el balón, después el centro campista y por último el delantero. Cada niño aporta su granito de arena para lograr el objetivo común.

Este procedimiento será extensivo al resto de las distintas actividades que se realicen durante la sesión.

Al final de la semana, se realizará un torneo con los grupos de niños que hayan tenido un mejor comportamiento, como mini partidos, penaltis, faltas, etc… a modo de premio por su buena conducta.

Si se da un mal comportamiento a lo largo de los dos días de entreno, se penalizará a todo el grupo de participar en los torneos y se encargarán de ayudar a colocar los elementos (setas, conos, etc…), para realizar la actividad de recompensa.

Los dos grupos primeros recibirán un premio a final de mes. El premio siempre debe ser algo motivador para los niños. El tercero y el cuarto, eligen el torneo de la semana que viene por votación y el quinto no recibe premio alguno.

Una vez acabado el mes, se conformarán los distintos grupos de aprendizaje cooperativo nuevos.

Este puede ser un buen ejemplo de cómo se puede llevar a cabo un proceso de aprendizaje cooperativo. El niño ha sido capaz de:

  1. Resolver un problema con la ayuda de los demás.
  2. Responsabilizarse por su comportamiento y por el de los demás.
  3. Asertividad: poder expresar sus pensamientos y sentimientos delante del grupo, con la habilidad de no ofender a lo que sientan y piensen otros.
  4. Fortalecer las relaciones entre los compañeros.

Como hemos dicho antes, esta es sólo una de las múltiples formas de educación en las que se está trabajando en la actualidad. Los formadores: padres, profesores, entrenadores… debemos integrar todos los conocimientos nacidos de la experiencia educativa con nuestros niños para promover su bienestar y seguridad.

Por José Manuel Araya Cardalda

@JosManuelAraya

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