Indefensión aprendida y locus de control: ¿a quién culpamos?

Indefensión aprendida y locus de control: ¿a quién culpamos?

Las personas nos vemos inmersas en multitud de situaciones diariamente, situaciones que desencadenan conductas, que provocan una determinada reacción (pensamientos y emociones) y a las que buscamos explicación, poniendo en marcha lo que se denomina proceso de atribución causal.

Entendemos por atribución la explicación o interpretación que un individuo da a la conducta o conductas, propias o ajenas, que ocurren en un determinado momento y contexto.

Indefensión aprendida

Martin Seligman, en el contexto de su teoría de la indefensión aprendida, contempla tres dimensiones según las cuales puede variar la atribución:

  • Interna-externa: según si la falta de control se percibe como causada por la propia persona (interna) o por factores externos (externa).
  • Permanente – Transitoria (estable – inestable): según si la causa de la falta de control se considera duradera o transitoria.
  • Global – específica: según si se considera que la causa de la falta de control afecta a una gran parte de las situaciones vitales del sujeto (global) o sólo a una o unas pocas situaciones concretas (específica).

El resultado de la combinación de estas tres dimensiones determinará las respuestas del sujeto. Cuando una persona presenta un estilo atribucional interno-estable-global, experimentará sentimientos de culpa, inutilidad, baja autoestima, etc. Si, por otro lado, la combinación es externa-estable-global, la persona experimentará sensaciones de falta de control, entendiendo que poco importa aquello que pueda o no pueda hacer, adoptando una postura “victimista”.

Locus de control

Un mismo evento, por tanto, puede ser interpretado de múltiples formas, y las atribuciones que la persona realiza se ven influenciadas por sus características internas, tales como actitudes, personalidad, expectativas, etc. En función de todos esos factores se sitúa el locus de control del evento, que va a determinar la manera de actuar con el entorno.

  • Locus de control interno: el sujeto percibe el éxito o fracaso de los eventos como algo interno a él, por ejemplo, por sus habilidades, características personales, esfuerzo, etc. Las personas que entienden que los resultados dependen de ellos y pueden ser controlables, se centran en potenciar las habilidades que les acercan a alcanzar los resultados deseados.
  • Locus de control externo: el sujeto percibe que los eventos ocurren por causas o factores externos y difícilmente controlables, tales como: el azar, la dificultad de la tarea, el destino, decisiones ajenas, etc. Las personas que aplican el locus de control externo entienden que no pueden hacer nada para cambiar sus vidas, ya que son víctimas del destino y de circunstancias que escapan a su control.

En definitiva, los estilos de atribución entienden que lo importante no son las situaciones a las que se enfrentan las personas, sino la manera de percibirlas y la explicación causal a las mismas, que van a influir directamente sobre la toma de decisiones futuras. Es deseable encontrar un equilibrio y ser conscientes de que poseemos la capacidad de esforzarnos y alcanzar nuestros objetivos, siendo agentes activos de nuestra vida y no meros observadores. Además, debemos asumir que existen situaciones que sí escapan a nuestro control y que debemos adaptarnos y actuar en función de cada evento.

Por Laura Carrillo

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