Reflexiones: el fenómeno ultra en el fútbol

Reflexiones: el fenómeno ultra en el fútbol

Hace dos fines de semana, fui a ver por primera vez un partido de fútbol profesional. El Rayo Vallecano jugaba en casa contra el Oviedo a las 21 horas. Antes de salir de casa, preparé una mochila con una manta y varias sudaderas para el frío, unas bolsas de patatas para comer mientras veía el partido y algunas cosas más. No llegué a usar nada de eso durante las dos horas que estuve en el campo del Rayo. Hoy reflexiono sobre el fenómeno ultra.

Era el primer partido de fútbol profesional que “iba a ver” y, sin embargo, estuve más tiempo emocionada y pendiente de la afición que de las jugadas y el partido en sí.

Cuando entro al campo empieza a surgir un cúmulo de emociones en mi interior. Había oído hablar de los Bukaneros, el grupo ultra del equipo, pero lo que yo tenía en mi mente acerca de ellos se quedaba pequeño. Un gran grupo de mujeres, hombres, niños y niñas se habían reunido ese día, como cada vez que su equipo jugaba, para animarles de manera incondicional.

A finales del siglo XIX, en el sudeste de Londres vivía Edward Hooligan, personaje que todos los sábados por la tarde se emborrachaba y se convertía en una persona agresiva mientras veía el fútbol. La prensa utilizó el nombre de esta persona para definir la aparición masiva de un grupo de vagos y borrachos que alteraban el orden público, dando lugar al término “hooliganism” que hace referencia a este fenómeno social. En España los hooligans son conocidos como ultras. El fenómeno está presente en la mayoría de los equipos de Primera División, y se caracterizan por unos ideales políticos de extrema derecha o extrema izquierda.

Bukaneros: el grupo ultra del Rayo Vallecano

Los Bukaneros llegan al Rayo a mediados de los años 90, creando una hinchada mucho más reivindicativa y politizada que la ya existente. Un grupo de chavales de barrio dan lugar a ese conjunto de aficionados, reflejo de lo que es Vallecas, la clase obrera. Durante esta década, miles de jóvenes abarrotaban los estadios, exhibiendo simbología de todo tipo, quemando banderas y dando lugar a peleas incluso contra la policía. Por suerte, muchos de estos actos reivindicativos realizados en aquella década están prohibidos a día de hoy.

El fenómeno ultra trasciende el fútbol. Para los aficionados ultras su grupo es como su familia, y está por encima de todo. Estos aficionados tienen cubierta su necesidad de pertenencia, identidad y adrenalina. En estos grupos, la conducta antisocial se ve favorecida por el anonimato y la difusión de responsabilidad, y se ve disminuida su preocupación por la evaluación social, debilitándose los sentimientos de culpa o miedo. Esto hace que, conductas que normalmente son inhibidas y consideradas inapropiadas como conductas emocionales, irracionales, violentas y agresivas, se lleguen a ejecutar. Estas personas no son agresivas ni violentas en su día a día, pero cuando se ven en multitud pueden llevar a cabo acciones vandálicas y gamberras que no realizarían estando solos.

Rayo Vallecano – Real Oviedo

Cuando comienza el partido, los Bukaneros se ponen en pie y continúan cantando y animando a su equipo. En el minuto 24, el conjunto vallecano se adelanta en el marcador gracias al ‘Chory’ Domínguez, que mete el primer gol del partido. Los Bukaneros aumentan el volumen de sus cánticos e incluso se ve gente “volando” en las gradas al estar siendo manteados por los de su afición.

Es en el minuto 40, minutos antes de acabar la primera parte cuando Christian Fernández, jugador del Oviedo, mete el gol dejando el 1-1 en el marcador y una primera parte muy igualada. El descanso se me hizo muy corto, ya que para la afición no había descanso. Los Bukaneros sacaron unas colchonetas representando un icono ofensivo del WhatsApp y comenzaron a cantar insultando y llamando corrupto a un tal Presa. No entendía nada, me explicaron que Raúl Martín Presa es el presidente del Rayo, pero el motivo de todos los insultos era una historia larga para contarla en quince minutos de descanso. Cuando llegué a casa busqué información sobré qué había ocurrido para llegar a ese punto. Muchos de los cánticos de los Bukaneros hacían referencia a la política, y este era el motivo de la enemistad con el presidente. La Agrupación de peñas del Rayo Vallecano pide la dimisión de Presa tras conocer la cesión al equipo del ucraniano Zolzuya, acusado de pertenecer a grupos neonazis y tener una especial afinidad con el Ejército ucraniano. Además, esto viene precedido por la política de persecución que la afición rayista afirma llevar soportando desde que el presidente se hizo cargo de la entidad.

Pero, ¿qué tiene que ver el fútbol con la política? ¿Por qué hay que llevar los ideales hasta tal extremo de no aceptar a una persona en tu mismo equipo de fútbol por tener una ideología distinta? Y lo que es aún más grave, ¿cómo se puede llegar a causar la muerte de una persona aficionada del fútbol por su relación con una afición ultra diferente?

En mi opinión el fútbol es un deporte de equipo que tendría que estar libre de cualquier concepción política y de todo acto violento. Padres con sus hijos al lado insultando a jugadores del equipo contrincante, a la afición del Oviedo, al árbitro e incluso a jugadores del Rayo Vallecano. Los padres ejercen una influencia directa en los patrones de comportamiento de sus hijos… ¿es esa la concepción que queremos que nuestros hijos tengan de un deporte como el fútbol?

Se me olvidaba, el resultado del partido fue 2-2, pero para mí fue lo menos relevante aquella tarde-noche.

Por Lara López Davia

@LaraLDavia

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