Rol de género: contribución de los padres a los hijos

Rol de género: contribución de los padres a los hijos

Desde el inicio del ser humano, la constitución pequeña y delgada de la mujer, y la posibilidad de crianza, ha apartado a la mujer de las tareas que demandaban más esfuerzo físico, dejado estas a manos del hombre.

El inicio de la vida nómada deja a la mujer al cuidado del campo de cultivo y el hombre, por una constitución normalmente más fuerte, es el que sale a cazar. Los hijos más mayores y personas no actas para el trabajo se quedan a cargo del hogar. El aumento de población e intercambio comercial lleva a la mujer a quedarse a cargo de cuidado de los hijos y las tareas domésticas, aunque podían hacer también trabajos manuales artesanales. A partir de ahí, con ayuda de la religión y, sobre todo, la educación, cada siglo el rol de la mujer y el hombre quedan más separado, llegando a tener la mujer los mismos derechos que un niño, dependiendo del hombre para todo. No es hasta el siglo XIX cuando la mujer logra acceder a la universidad y empieza a ganar derechos para lograr una igualdad.

Pero… ¿qué es rol de género?

El rol es un conjunto de comportamientos y normas, impuestas por la sociedad, que establecen como una persona debe de actuar o sentirse, en función de si es hombre o mujer. Es decir, un comportamiento que esta bien visto por la sociedad, el no realizar dicho comportamiento conlleva criticas sociales, e incluso aislamiento social.

Dentro del contexto familiar dichos roles de género se hacen predominantes e, incluso a veces inconscientemente, en las familias reforzamos dichos roles que lleva a un aumento de la desigualdad entre hombre y mujeres. Aunque, hoy en día, la sociedad esta evolucionando de forma notable hacia la igualdad de género, todavía queda mucho por hacer desde la igualdad en el hogar.

El rol femenino

El rol femenino ha sido asociado, y sigue siéndolo hoy día, a tareas como la reproducción, crianza, cuidados…, sobre todo a tareas de ámbito doméstico adquiriendo el rol de cuidadoras. La mujer debe de ser débil, dependiente, sensible… Además, el trabajo doméstico hace que se invisibilice el papel de la mujer en el hogar, sobrecargándola de trabajo. El trabajo doméstico no tiene un establecido horario, no se acaba nunca, desde que se levanta hasta que se acuesta, sin ningún tipo de horarios y, además, está desprestigiado por la sociedad.

El rol masculino

El rol masculino se ha asociado a tareas como la producción, mantenimientos y sustento económico, desarrollando dichas tareas principalmente en el ámbito público. Un hombre debe ser fuerte, independiente, objetivo, tomar decisión de razón… El trabajo realizado es reconocido socialmente, siendo él el responsable de llevar el sustento económico al hogar. Dándole esa responsabilidad, haciendo de él un hombre fuerte, que no puede tener flaquezas emocionales y proporcionándole unos horarios de descanso y un reconocimiento notorio.

Hoy en día, el hombre sigue teniendo más posibilidad obtener un trabajo con un mejor desarrollo, promoción y economía que la mujer. Siguen ocupando, mayoritariamente, altos cargos de trabajo hombres con una carga familiar, con una estabilidad emocional fuerte… El hombre que más se ajusta al rol tradicional masculino es el que consigue, en la mayoría de las empresas, un alto cargo.

¿Cómo contribuimos en el mantenimiento del rol de género?

La familia forma una parte muy importante a la hora de la sociabilización de sus hijos, transmitiendo diferentes motivación y deseos según el género de sus hijos, tendiendo a normalizar las desigualdades entre niños y niñas.

Un ejemplo claro lo podemos ver en el tipo de juguetes que se regala a un niño o a una niña. A un niño, desde pequeños, se le regala juguetes relacionados con los trasportes (como coches, camiones o motos), con las construcciones o héroes que luchan y son muy valientes. Mientras que, a las niñas, las regalamos juguetes que refuerzan su rol de cuidadoras como bebes (los baby born) o las típicas “cocinitas”, hoy en día ampliada a otro tipo de electrodomésticos.

Otro ejemplo, puede ser, el uso del lenguaje desigual, tanto en niños como en niñas. Un niño que expresa sus sentimientos de pequeño es corregido con frases como “los niños no lloran”, en deporte la típica frase es “tiras como una niña”, o frases “¿te ha pegado una niña?”; son las que corrigen hacia un rol masculino. Y en las niñas frases como “eres muy guapa, tu padre tendrá que quitarte a los chicos de encima cuando seas mayor”, “con esa ropa pareces un chico” o “estas más guapa cuando sonríes”. Son frases comunes en los hogares que corrigen los comportamientos fuera de su rol y refuerzan la desigualdad entre hombre y mujeres.

¿Qué podemos hacer para acabar con la desigualdad?

Debemos de darnos cuenta y pensar si esa misma frase, o esa misma corrección, la haríamos igual en un niño que en una niña. Si, cuando cambiamos de género, la frase que vamos a decir suena ridícula decírselo al sexo contrario, o nunca se nos ocurriría decírsela, es que estamos influyendo al mantenimiento de la desigualdad.

En el caso de los juguetes, sería mejor para el desarrollo de los niños, regalar juguetes educativos que les sirva, además de para jugar, para desarrollar sus capacidades mentales en su tiempo libre. Los muñecos abstractos, por ejemplo, les ayudan a mejorar su imaginación. También, juguetes como libros interactivos o juguetes de experimentos, les atrae hacia la curiosidad de investigar y aprender cosas nuevas.

En definitiva, los padres tienen el papel social más importante para acabar con la desigualdad de género. Son, en gran medida, los responsables de que en el futuro se acabe dicha desigualdad entre hombres y mujeres. Deben educar a sus hijos con responsabilidad, al margen de una educación de roles.

Por Lorena Redondo Santander

@lorenaredondos

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