4 mitos sobre el deseo sexual

4 mitos sobre el deseo sexual

Puede que en algunos entornos el tema del sexo sea un tema menos tabú que antaño, sin embargo, aún nos dejamos engatusar con algunos mitos que circulan por ahí, sobre todo, aquellos que tienen que ver con el deseo sexual humano.

¿De qué hablamos cuando hablamos de deseo sexual?

No existe una definición consensuada de lo que es el deseo sexual o deseo erótico. Masters y Jonhson, pioneros en el estudio de la respuesta sexual humana, ni siquiera lo incluyeron en sus estudios. Es Kaplan la primera autora que nos habla de él en 1977 cuando cae en la cuenta de que hace falta una variable más, una variable motivacional, para explicar la conducta sexual.

No obstante, la definición que más nos gusta por su inclusión del género y su modelo cíclico (no lineal), es la de Rosemay Basson, que proponía que, especialmente en mujeres, el deseo incluye fantasías, sentimientos y pensamientos, pero que no necesariamente tiene que haber deseo para tener un orgasmo o para excitarse. Es decir, se tienen que dar diversas variables para que el deseo ocurra: intimidad, seducción, vínculo, etc.

Resumidamente, el esquema de Basson sobre el deseo consiste en que si se dan ciertas variables como la intimidad eso puede desembocar en deseo. En definitiva, el deseo es posterior al inicio de la actividad erótica, lo cual no significa que esto se pueda aplicar a todas las personas.

4 mitos sobre el deseo sexual

  1. Los hombres sienten más deseo que las mujeres. Este es el mito del deseo sexual por excelencia. Y cuando no es un mito es un “se supone que….”, y bajo estas creencias erróneas la gente actúa: hombres que se ven presionados a tomar la iniciativa con sus parejas porque “como soy el hombre, se supone que me tiene que apetecer siempre” y, por el otro lado, mujeres que no toman la iniciativa “porque se supone que tiene que hacerlo él”. Es cierto que la biología juega su papel, pero no nos condiciona.  
  2. El deseo es algo que debe ser espontáneo. Es algo que no se puede forzar y que tiene que surgir. Pues no. Esto es falso, porque precisamente, cuando lo hacemos al revés, o sea, cuando empezamos a llevar a cabo prácticas eróticas del tipo que sean (besos, caricias, lametones,…) es entonces cuando el deseo surge. Por creer que debe ser algo que debe aparecer sin más, muchas personas se quedan esperando y esperando…. Cuando el deseo es algo que se cultiva.
  3. El deseo va decayendo con la edad. En realidad, no necesariamente. No solo se tiende a asociar la vejez con la disminución de la actividad sexual, sino que además se suele ver el sexo en las personas mayores como algo sucio. ¿Cómo no van a influir tantos mitos en nuestro deseo? Puede que cuando eras más joven dabas más importancia a tu vida erótica y que con los años tus prioridades hayan cambiado, pero ello no significa que tu libido sea menor, simplemente que tu foco de atención está en otras áreas de tu vida. Como hemos dicho, el deseo es algo que se cultiva.
  4. Es malo no sentir deseo sexual. Para colmo, pensamos que el no sentir deseo sexual significa que nos estamos haciendo mayores, que nos apagamos o que el no estar excitado o excitada la mayoría del tiempo es signo de que algo no va bien. ¡Ojo! Deseo y excitación no son lo mismo. La sexualidad en general es algo que va cambiando a lo largo de la vida y que va cambiando según nuestras circunstancias y nuestra etapa vital. Entonces, ¿cuándo es un problema no sentir deseo? Cuando ello supone un conflicto interno para ti y tu situación personal, más allá de los estereotipos. En muchas ocasiones, por no decir la mayoría, no es que no haya deseo, es que no se han dado las condiciones apropiadas para que se dé ese deseo.

En resumen, tener un problema de deseo sexual va a depender de diversas variables (recordemos el modelo cíclico de Basson) y las circunstancias de cada cual necesitarán de una evaluación específica llevada a cabo por un/a profesional de la sexología. Me atrevería a decir que en muchos casos la gente acude a consulta muy angustiada por no sentir deseo y es esa ansiedad la que provoca menos deseo y que, además, está propiciada por estos mitos.

Por UPAD Psicología y Coaching

@upad_pc

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