Demostrado científicamente

Demostrado científicamente

Casi cualquier afirmación puede ser aprobada si terminamos la frase diciendo: “Está demostrado científicamente”. Desde los anuncios de neuromarketing de detergentes, cuyos componentes limpian milagrosamente las manchas de la ropa, hasta tu cuñado cuando dice que los calvos son más listos que la media poblacional. Ambos validarán sus argumentos si al final añaden la consabida frasecita.

Lo cierto es que terminar una explicación con semejante final añade brillo y solidez a lo que sea que uno diga pero, ¿qué hay de fiable en lo que se dice que está demostrado científicamente? Partamos de la idea inicial de que no siempre es verdad que todo lo que parece estar probado por la ciencia realmente lo está. Lo que nos interesa hoy es saber qué pasa con lo que verdaderamente sí tiene validez científica, ¿esto cómo se hace?

Para empezar, la ciencia es cuestión de método, literalmente. Existe algo llamado método científico que consiste en una serie de pasos que, a modo de receta, hay que emprender para poder demostrar algo. En estas líneas nos vamos a adentrar en la psicología como ciencia del comportamiento humano. Imaginemos que queremos saber si un tratamiento es útil para cierto trastorno psicológico.

Investigación científica

Todo empieza con una pregunta. Algo nos pica la curiosidad y enciende la mecha de la indagación científica. Debemos observar el hecho y reducirlo todo a una cuestión inicial: ¿Es realmente útil el tratamiento A para paliar el trastorno B? A continuación hemos de responder a nuestra pregunta con lo que nos parezca más lógico. A dicha respuesta la llamaremos hipótesis. En nuestro caso creemos que A actuará sobre B de modo eficiente.

A partir de este momento el científico emprende una carrera de fondo en la que tratará de demostrar lo contrario (sí, lo contrario) de lo que afirma su hipótesis, es decir, intentará afirmar la hipótesis nula. Se trata de un verdadero intento por boicotear su argumento inicial. Para ello empleará la experimentación. En el experimento se sublima el verdadero talento del investigador, es la quintaesencia de la ciencia, el verdadero meollo de la cuestión. Este es el momento más creativo, la cumbre de todo el proceso, y el mérito será mayor si el experimento es de factura propia.

Los resultados del experimento han de ser traducidos a lenguaje matemático de manera que lo que debemos hacer es empujar a la realidad a expresarse en forma de números, a esto se le llama operacionalizar o parametrizar. De este modo, podremos emplear la estadística para analizar los resultados. Esta disciplina matemática actúa como un verdadero juez cuyo poder reside en la objetividad. Lo que digan los números será lo que aceptemos. Y normalmente las opciones que nos ofrece el análisis estadístico son tres:

  • Nuestros datos no tienen ninguna relación.
  • Nuestros datos son consecuencia unos de otros.
  • Nuestros datos están relacionados entre sí pero no son causa unos de otros.

Pero la estadística también tiene sus límites. ¿Qué pasa si los resultados no están del todo claros? Para evitar esta tierra de nadie tan inquietante debemos aplicar algo llamado nivel de confianza, es decir, aceptaremos cierta ambigüedad en los resultados, pero sin pasarnos. Con esto estaremos asumiendo que, dentro del nivel de confianza, las diferencias en la eficacia del tratamiento A sobre el trastorno B a lo largo de la experimentación no se deben a que realmente A no actúe bien sobre B, sino a otras causas, y que lo más probable es que acertemos (normalmente se escoge un 95% de probabilidad). Es como hacer la vista gorda con permiso de la ciencia (es decir, solo un poquito).

Las conclusiones de nuestro trabajo servirán para explicar definitivamente la relación entre las variables estudiadas y (aquí va otro momento estelar) dejar claro que nuestro trabajo ilumina el camino de la ciencia y abre nuevas sendas por las que otros podrán explorar en el futuro.

Al final pondremos por escrito todo lo que hemos hecho con todo detalle. Es importante que especifiquemos todos los pormenores de la investigación para facilitar que alguien más pueda repetir nuestro experimento y obtener los mismos resultados. Esto es importante para dotar a nuestra investigación de validez.

Por último, si tenemos suerte, una publicación formal se interesará por nosotros y divulgará nuestro trabajo. Entonces pasaremos a formar parte del esplendor de la historia de la ciencia junto a los más grandes.

Demostrado científicamente.

Por Salvador Peralta Arronte.

@SalvadorPeralt1

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