Influencia de la indefensión aprendida en nuestra vida cotidiana

La indefensión aprendida es un término que se refiere a la pérdida de la capacidad de un individuo de generar una respuesta en un contexto determinado. Dicha conducta se debe a que el sujeto recibe un estímulo aversivo independientemente de su conducta, además de forma indiscriminada. Esto es, indistintamente de lo que haga el individuo, recibirá la aplicación de un estímulo aversivo (Seligman y Maier, 1985).

En el momento en que el sujeto entiende que algo malo sucederá (estímulo aversivo) a pesar de sus intentos por evitarlo, se produce este fenómeno y cómo consecuencia, las respuestas para evitar o escapar de la situación decrecerán hasta cero (extinción), ya que el sujeto ha aprendido que no tiene nada que hacer para evitar el castigo. Aprende a que está indefenso.

Es un concepto con cierta historia, ya que se tienen datos sobre él desde 1975, cuando Peter Seligman publicó su “Helplessness: On Depression, Development, and Death”, un libro donde barajaba la posibilidad de que una de las causas probables de la depresión se debía a este fenómeno. Previamente, él y Overmaier diseñaron un experimento donde los sujetos de estudio fueron perros.

El experimento de Seligman y Overmaier con perros

Distribuyeron los perros en dos grupos en sendas jaulas, donde se le suministraban pequeñas descargas eléctricas (estímulo aversivo) de forma aleatoria.

En la primera jaula los perros disponían de una palanca que, al accionarla, las descargas cesaban. La segunda jaula carecía de palanca, por lo que los perros no tenían la opción de que terminasen las descargas.

Posteriormente mezclaron los perros en una estancia, donde una valla separaba un suelo electrificado de otro sin electrificar. En esta segunda parte del experimento los perros comenzaban el ensayo en la parte electrificada. Cuando se administró la descarga, los perros que anteriormente estuvieron en la jaula con palanca saltaron la valla, escapando así al estimulo aversivo. Sin embargo, los perros que no tuvieron escapatoria en la primera fase se mantuvieron recibiendo el castigo.

Por tanto, podemos deducir que los perros de la primera jaula aprendieron a evitar la descarga porque tuvieron una opción en la primera parte del experimento, así que aprendieron cómo escapar. Sin embargo, los perros de la segunda jaula no tuvieron tal opción en la primera fase del experimento, por lo que no pudieron escapar y consecuentemente aprendieron que no tenían escapatoria. Dicho de otra forma, no aprendieron a escapar, cosa que marcó su aprendizaje futuro. Al no aprender una conducta para evitar el estímulo aversivo, no disponían de tal conducta en su repertorio.

Todo este proceso de aprendizaje se explica por el condicionamiento operante, que es un procedimiento de aprendizaje a través del cual la respuesta del individuo se manifiesta en función de la consecuencia de dicha respuesta. Es decir, si el perro aprende que dejará de recibir descargas cuando presiona la palanca -como en la primera parte del experimento- o cuando salta la valla, -en la segunda parte- la probabilidad de aparición de la conducta presionar palanca y saltar valla aumentará. Por el contrario, si al hecho de ejecutar una respuesta no le sigue una consecuencia placentera (en este caso dejar de recibir descargas), el sujeto aprenderá que no puede dejar de recibir el estimulo aversivo, por lo que tales conductas (imaginemos que los perros ejecutaron conductas propias de un animal confinado: saltos, ladridos, zarpazos…) disminuirán hasta su extinción.

Ejemplos cotidianos de idefensión aprendida

La cuestión de la indefensión aprendida subyace en muchos de los problemas habituales con los que tenemos que lidiar diariamente. Cuando se nos presenta una dificultad intentamos superarla a través de nuestras conductas: si nos quedamos atrapados en un ascensor, llamaremos al técnico; si el restaurante al que solemos ir a cenar está cerrado esa noche, acudiremos a otro; si la empresa en la que trabajamos se encuentra al borde la quiebra, tendremos que ir pensando en buscar un nuevo trabajo. Pero qué pasa si no obtenemos respuesta que nos satisfaga cuando llamamos al técnico del ascensor, no encontramos un restaurante alternativo por la zona o no hay ofertas en nuestro puesto de trabajo.

Vayamos con un ejemplo diferente donde intentaré explicar la indefensión aprendida. Pensemos ahora en un jugador de póker amateur que se enfrenta en una misma partida a cinco jugadores profesionales. Dadas las diferencias en cuanto a conocimiento del juego y experiencia, rara vez será que el jugador novato consiga ganar una mano. Imaginemos que el amateur a desplegado todas herramientas de las que dispone (a saber, los movimientos posibles en una partida de póker son: igualar la apuesta, resubir la apuesta o no ir a la apuesta), y de ninguna de las maneras, en los repetidos intentos por ganar una mano, consigue ganar. El amateur, una vez ya ejecutadas todas sus opciones de respuesta ante el juego y en vista de que ninguna de ellas le sirve para ganar, tenderá a no hacer nada ante la expectativa de que perderá haga lo que haga, por tanto, quedará indefenso.

Otro ejemplo mas sencillo. En una primera parte de un experimento, a un grupo de personas se les proporciona una serie de crucigramas sin solución y a otro grupo se les da crucigramas que si tienen solución. En la segunda parte del experimento a los dos grupos se les suministraron los mismos crucigramas, en este caso con solución. El grupo que recibió en la primera parte del ensayo los crucigramas con solución tuvieron un mayor porcentaje de acierto que los que recibieron los crucigramas irresolubles (García Higuera, 1993).

Conclusiones

La indefensión aprendida por tanto hace referencia a la condición del sujeto -tanto animal como humano- que aprende a comportarse de forma pasiva ante un contexto determinado. Las consecuencias aversivas, dañinas o indeseables que suceden ante las conductas ejecutadas por un individuo contribuyen a la ausencia de control sobre el resultado en un contexto dado. La deducción final es que ante una experiencia aversiva y que además es incontrolable, tiene como consecuencia una interferencia en la motivación del sujeto en los procesos de aprendizaje posteriores.

Por Antonio Alberto Ros Bastida.


BIBIOGRAFIA

Seligman, M. E. P., y Maier, S. F. (1985). Indefensión aprendida. Madrid: Debate.

García Higuera, J.A. El control en psicología. Psicoterapéutas.com. Recuperado de https://www.cop.es/colegiados/M-00451/Control.html

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