La invisibilidad del deporte femenino: rompiendo muros

La invisibilidad del deporte femenino: rompiendo muros

Ni que decir tiene que el deporte femenino es tan exigente y válido como el masculino, sin embargo, tradicionalmente ha recibido un bajo reconocimiento por parte de la sociedad. Aún hoy en día, el deporte supone un ámbito donde las mujeres están en un segundo plano, lo cual implica discriminación y desigualdad, algo contra lo que se lucha cada vez más a pesar de todas las barreras y obstáculos.

Diferencias entre el deporte femenino y el masculino

¿Por qué hay menos mujeres deportistas que hombres? ¿Se interesan menos las mujeres por el deporte? ¿O quizás es que los estereotipos de género estén influyendo como en tantos otros aspectos de nuestras vidas? Las mujeres no están bien vistas en el deporte, se las tacha de “machorras” o directamente se les asigna la orientación sexual de lesbiana, sin tan siquiera preguntar. No solo eso, además se las invisibiliza, reciben menos apoyos que los equipos de cualquier deporte masculino, por ejemplo, los dirigentes de clubes admiten invertir menos recursos en equipos femeninos, el planteamiento de la maternidad supone un dilema a nivel laboral inquietante y los sueldos, por la misma labor, son muchísimo más inferiores. Asimismo, los medios de comunicación no reconocen sus méritos o al menos no con el impacto que tienen las noticias referidas a deportistas hombres. Es más, incluso el lenguaje empleado en el periodismo es sexista. Titulares que no aparecerían así escritos si se refirieran a deportistas masculinos como los recogidos por la periodista Mº José Gómez-Biedma son un claro ejemplo de ello: “Las muñecas suecas” (Diario latinoamericano Olé), “Las seis deportistas más sexys de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro” (Mundo Deportivo), “Lydia Valentín, una Hércules con maquillaje” (ABC), “Rivas, el hombre que convirtió en oro las rabietas de Carolina” (AS), entre otros.

Está claro que es necesario incluir una perspectiva de género en el deporte. Ya solo algunas estadísticas lo reflejan. El porcentaje de licencias deportivas que corresponden a hombres son el 78,5% en el año 2015, y solo el 21,5% de licencias corresponden a mujeres, en el mismo año. Incluso en los hábitos deportivos, aunque las cifras están más igualadas se ve: 59,8% ellos y 47,5% ellas.

Obstáculos que provocan la desigualdad de género

Además, toda una serie de mitos y prejuicios rondan entorno a las mujeres que practican deporte, como por ejemplo, que el deporte masculiniza a las mujeres, como comentaba antes, que no sabemos ser amigas de nuestras rivales, que no están interesadas en practicarlo o que no valen para ello. Frases como “peleas como una niña”, “no sois tan fuertes como los hombres” tampoco ayudan. Todos estos mitos forman un muro invisible que dificulta el acceso de las niñas, adolescentes y mujeres al deporte. La desigualdad aquí reside en que ellas lo tienen que romper antes de acceder (y no solo en el deporte), cuando ellos ya la tienen derribada, ni siquiera somos conscientes de dicho muro cuando hablamos de deportistas varones, barrera que se debe más que nada al estereotipo social y no a las limitaciones físicas de un cuerpo femenino. En definitiva, la igualdad de condiciones no existe en el mundo del deporte, como tampoco existe en la música, el teatro o el cine. Con todos estos obstáculos no es de extrañar que las mujeres se abstengan de practicar deporte y decidan dedicarse a otra profesión, dando sentido a las estadísticas.

Deporte y género

Actualmente, la práctica deportiva, aunque tradicionalmente ha estado asociada al hombre, está aumentando en la población general, siendo la principal motivación la salud y mantenerse en forma. No obstante, se sigue encasillando a las personas en los deportes cuando decimos que un deporte es más de chicos o es más de chicas.

¿Verdaderamente tienen las chicas menos interés en el deporte que los chicos, se les da peor o le ponen menos empeño? Yo no lo creo así. Los roles y los estereotipos de género obviamente influyen en la percepción que tenemos de nosotros/as mismos/as y en nuestra conducta, por ello, probablemente sean estos los que actúen de mediadores en la elección de una persona en practicar deporte o no según su sexo.

En conclusión, es mucho lo que se está consiguiendo con la lucha feminista, pero aún nos queda mucho camino por recorrer. Quisiera aprovechar para reconocer el esfuerzo y los logros de deportistas como Mieria Belmonte (campeona olímpica, mundial y europea de natación), Sandra Sánchez (número uno del ranking mundial de karate), Gema Hassen-Bey (medallista paralímpica de esgrima), Carolina Marín (campeona olímpica, mundial y europea de bádminton), Lydia Valentín (ganadora de tres medallas olímpicas de halterofilia) Alysia Montaño (campeona de atletismo que corrió embarazada de 8 meses), Serena Williams (la mejor jugadora de tenis del mundo) o Teresa Perales (ganadora de 26 medallas paralímpicas de natación), entre otras. Actualmente, son las más destacadas y reconocidas deportistas mujeres que pueden servir de modelos para las que vienen detrás y que están comenzando su carrera deportiva. Al contrario que sucede con los chicos, con las chicas puede ocurrir que la ambición (a propósito de que algunos entrenadores acusan a sus jugadoras de poco ambiciosas) en equipos y deportes individuales femeninos sea menor, precisamente por la falta de referentes con las que puedan sentirse identificadas.

Por Brenda R. Bodemer.

@psicobodemer


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

García, J. N., & de Educación Física, M. (2009). Mujer y Deporte. Prejuicios y logros. Revista de Transmisión del Conocimiento Educativo y de la Salud, 1(1), 32-50.

Horcajo, M. M. (2006). Contribución del feminismo de la diferencia sexual a los análisis de género en el deporte. Revista Internacional de Sociología64(44), 111-131.

Núñez Domínguez, T., & Míguez Salas, A. (2018). Re-creando imaginarios: “cine, deporte y género”. Seminario internacional.

Villaverde, M. A., Villarino, M. D. L. A. F., & Villar, C. L. (2009). Actividad física y percepciones sobre deporte y género. Revista de investigación en educación6, 113-122.

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