Ganar no lo es todo. La importancia de la derrota

Ganar no lo es todo. La importancia de la derrota

Hace unos días, me encontraba leyendo una entrevista que le habían hecho a Perico Delgado por su 59 cumpleaños en el periódico El Mundo. En ella, entre otras cosas, el ciclista segoviano hacía un repaso de su vida, de cómo afrontaba las carreras, de lo que le había enseñado el deporte, de cómo había tenido que lidiar con la fama y el éxito prematuro… y dejó afirmaciones que llamaron enormemente mi atención y me hicieron reflexionar: “estamos enseñando a ganar, cuando deberíamos enseñar a perder”, “estamos creando iconos victoriosos (…) donde solo vale ser el número 1”… entre otras tantas. La derrota también es importante.

Derrota: ganar no lo es todo

Lo cierto es que al bueno de Perico no le falta nada de razón. Ganar es importante pero, ¿es realmente lo único que importa? En esa misma entrevista Perico decía que de 11 Tour de Francia que había disputado, tan solo había ganado uno. Uno. Uno de once, es decir, había ganado el 9% de las ocasiones en las que había participado y, sin embargo, es considerado uno de los mejores ciclistas españoles de toda la historia. Parece, por tanto, que lo único importante no es ganar, sino también perder y la actitud ante ambos sucesos. Aceptarse en la derrota también es fundamental.

En los últimos años, debido a la enorme repercusión que en los medios de comunicación tiene el fútbol, esta losa de la que estamos hablando (“lo único importante es ganar y si es contra tu rival acérrimo, mejor”) se ha acrecentado. A lo largo de la historia, y en todos los deportes, el hecho de hacer un pasillo al equipo campeón siempre se ha considerado un símbolo de respeto por el ganador, donde se admiraba el esfuerzo realizado y se premiaba la victoria. Sin embargo, últimamente, este gesto se ha convertido más en una humillación para el perdedor que en una muestra de respeto al ganador (debido, en gran medida, a los mencionados medios de información).

Ello ha dado lugar a que equipos mundialmente reconocidos como Real Madrid o Barcelona (entre otros), hayan protagonizado episodios en los que la transmisión de valores como saber perder, respeto o compañerismo, ha brillado por su ausencia. Por suerte, aún existen deportes donde esta tradición no se ha perdido aún, sino que forma parte de la esencia de los mismos. Como comentaba una compañera en un artículo recientemente publicado sobre Rugby, cuando termina un partido de rugby lo que importa no es quien ha ganado o ha perdido, lo realmente importante es mostrar respeto al rival por el trabajo realizado. Es por ello por lo que ambos equipos aplauden primero al conjunto arbitral y después al equipo contrario.

Con todo lo comentado, quiero dejar clara la importancia que tiene ganar, por supuesto, ya que es el fin último del deporte, pero, sobre todo, la enorme importancia que tiene valorar la derrota. Hace unos días pudimos presenciar cómo una de las historias más bonitas que recuerdo del mundo del fútbol llegaba a su fin. El Ajax de Ámsterdam caía eliminado en semifinales de la Champions League a manos del Tottenham Hotspur. Para quien no conozca a este equipo, la media de edad de los jugadores se encuentra en torno a 24 años, posee el capitán más joven de la historia del campeonato (Matthijs de Ligt, 19 años) y, sin apenas experiencia en competiciones europeas (en gran medida porque apenas acaban de alcanzar la mayoría de edad), han eliminado a los todopoderosos Real Madrid y Juventus de Turín en sus estadios.

Como en todo cuento, como en toda película de fantasía, el final no podía defraudar. En el último segundo del último minuto del tiempo añadido vieron cómo el sueño de llegar a una final europea tras 19 años se esfumaba. Pero, ¿realmente alguien piensa que lo más importante de esta increíble historia del deporte es que este equipo de casi adolescentes haya perdido? Rotundamente no. Lo más importante es cómo lo han hecho: sin renunciar a su esencia y dando una lección al mundo de que hay muchas cosas más trascendentes que la victoria.

En relación con este ejemplo, esta semana en Madrid hemos podido presenciar otro parecido. David Ferrer (“Ferru” para los más cercanos) se ha retirado tras 20 largos y exitosos años de carrera profesional. Con 28 títulos individuales y 4 grupales en su haber, el de Jávea depositó la cinta por última vez en la tierra batida de Madrid. Lo curioso es que de esos 28 trofeos, que con pundonor y esfuerzo conquistó, ninguno (repito, ninguno) fue un Grand Slam y aun así,  todos y cada uno de los tenistas del torneo acudieron a su despedida.

Calificativos como “caballero”, “el que más respeto de todo el circuito”, “el más combativo”, “guerrero”, “luchador”, “que no da una bola por perdida” los recibió de figuras de la talla de Federer, Nadal, Djokovic, Zverev… casi nada. Por esto la carrera de David Ferrer ha sido exitosa porque pese a la derrota, ha triunfado.

En resumen, que la victoria y las ganas de vencer no nublen nuestra vista: aprendamos a valorar la derrota y todo lo que cuesta llegar hasta ella, porque si no, el deporte y todo lo que transmite, no tendrían sentido.

Por Félix Marquiegui Carrasco.

@_fmcar_.

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