Deporte como herramienta de bienestar psicológico

Deporte como herramienta de bienestar psicológico

Son de sobra conocidos los efectos beneficiosos que posee el realizar algún tipo de deporte para el bienestar psicológico de un individuo. No solamente nos ayuda a mejorar el aspecto físico, sino que disminuye los efectos de otro tipo de patologías como la ansiedad o la depresión y nos ayudan a desarrollar una mayor autoestima.

Neuropsicología y bienestar psicológico

Por otro lado, cuando hacemos ejercicio, el cerebro segrega diferentes tipos de neurotransmisores tales como la dopamina, la serotonina, el factor neurotrófico del cerebro (BNDF) y las endorfinas. La dopamina, es la hormona de la recompensa y cuando realizamos ejercicio se segrega proporcionándonos una sensación de placer. Asimismo, la serotonina es llamada “la hormona de la felicidad” y cuando es liberada en el cerebro, nos ayuda a regular nuestro estado de ánimo, a disminuir la impulsividad, incrementar la tolerancia al estrés, facilitar la relajación y conciliar mejor el sueño. Por último, las endorfinas proporcionan una sensación general de euforia y bienestar. Este hecho, demuestra que el bienestar psicológico asociado al deporte no es una percepción subjetiva del sujeto, sino que tiene un correlato físico objetivo. Por otro lado, se ha comprobado como la práctica deportiva es eficaz en el tratamiento de las adicciones. Tener valores elevados de BNDF ayuda a disminuir la necesidad de consumir cualquier tipo de droga o sustancia adictiva. Además, también se ha demostrado que el deporte ayuda a prevenir la aparición del alzhéimer y mejora nuestra capacidad de concentración.

Bienestar psicológico a través del deporte

No obstante, la práctica deportiva puede ser perjudicial para nuestro bienestar psicológico cuando se enfoca desde una perspectiva errónea. De este modo, una práctica deportiva en la que prevalezca el trabajo obligatorio autoimpuesto en vez del alto poder del disfrute o una excesiva presión autoimpuesta para llegar a unos objetivos determinados, pueden ser altamente perjudiciales para el individuo. Por otro lado, un error que cometen muchos deportistas es orientarse hacia el logro o la consecución de objetivos en vez de tener una orientación hacia la tarea y el perfeccionamiento de la técnica que requiere cada deporte.

Esto tiene dos consecuencias claramente visibles: En primer lugar, se orientan hacia aspectos que no pueden controlar, pues los resultados y el rendimiento dependen de muchos factores, algunos de los cuáles no dependen de ellos. Por el contrario, sí que pueden controlar toda la conducta que ellos pueden realizar para ser mejores en el deporte en cuestión (asimismo esto producirá que alcancen mejores resultados). Por otro lado, orientarse hacia la consecución de objetivos puede producir una alta frustración, cuando no consigamos alcanzar los resultados que queremos.

El “burnout deportivo”

Otro problema que podemos subrayar es la adicción al ejercicio físico. En la sociedad en la que vivimos, muchas personas buscan un ideal de perfección física, buscando un “cuerpo danone” con el que sentirse mejor consigo mismos. Esto los lleva a desarrollar prácticas deportivas que suelen ser perjudiciales para su propio cuerpo. Otro ejemplo en el que se demuestra el efecto perjudicial del ejercicio físico es el “burnout deportivo”. Este problema suele desarrollarse en deportistas de élite que han estado compitiendo durante muchos años al máximo nivel y que han sido sometidos a mucha presión durante mucho tiempo. Un caso famoso que ejemplifica este problema es el de Rafael Nadal, que en el 2015 dijo que estaba “cansado mentalmente” y necesitaba dejar de lado durante un tiempo el mundo del tenis para volver a retomarlo con toda la energía posible. En estos casos, los deportistas necesitan un período en el que se tomen un tiempo de descanso y de desconexión total del deporte para que puedan volver a empezar “ con las pilas cargadas”.

Relación entre deporte y autoestima

Por otro lado, es muy curiosa la asociación que hay entre el deporte y la autopercepción personal. Las personas que hacen ejercicio físico tienen una mejor imagen de ellos mismos… independientemente de los correlatos físicos obtenidos. Es decir, las personas que hacen ejercicio se suelen percibir más delgadas y en forma, aunque su realidad difiera completamente de su percepción. Además, cuando la persona va estableciéndose objetivos deportivos (basados en la tarea) y ve que los va logrando, va produciéndose un aumento de la autoestima y la sensación de capacidad personal. La persona derrota el “no puedo” para empezar a abrazar el “sí se puede”.

Por Jaime San Juán Uhagon

@sanjujaime

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