La importancia de rehabilitar la mente en lesiones deportivas (mi experiencia personal)

La importancia de rehabilitar la mente en lesiones deportivas (mi experiencia personal)

En octubre de 2017, tras una mala caída en una salida de barra fija, me rompí el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Tenía 14 años e iba a ser mi segunda operación de rodilla. En un primer momento, a pesar del miedo e incertidumbre por la operación, veía la recuperación como algo fácil; en unos pocos meses de rehabilitación iba a volver como si nada hubiera pasado o incluso más fuerte que antes.

Desde el momento en el que el médico me permitió salir de casa, empezaron los primeros días de rehabilitación que hice sin faltar ni un solo día al gimnasio. No podía hacer prácticamente nada, pero aun así y a pesar del dolor que tenía muchos días con tan solo estar sentado, me ilusionaba ir a ver cómo estaban entrenando mis compañeros y pensar en todo lo que iba a hacer en cuanto pudiera.

La rehabilitación iba avanzando día a día hasta que me quitaron las muletas y fue como volver a vivir esa sensación que te produce hacer un elemento nuevo en gimnasia. Me sentía feliz por poder andar (aunque fuese cojeando) y quería ir rápidamente al gimnasio a contarle a todo el mundo ese avance y así poder empezar a colgarme de las anillas, de la barra, hacer algún molino en potro…

A pesar de las ganas que tenía, nada más empezar a entrenar sentía que en cualquier momento iba a volver a lesionarme, incluso haciendo el elemento más fácil que pudiera haber, pero me parecía algo normal ya que habían pasado tan solo dos meses desde la operación, así que no le di mucha importancia.

Poco a poco pude empezar a correr y a saltar, y por tanto a avanzar en los demás aparatos. El miedo seguía y aumentaba a diario con únicamente imaginar lo que tenía que hacer.

Me sentía totalmente distinto. Antes de la segunda lesión me atrevía con cualquier cosa; no decía nunca que no a algo nuevo por mucho riesgo que tuviera y ahora me sentía incapaz de hacer algo que implicara una mínima dificultad. En este momento fue cuando me di cuenta de que la idea tan idílica que tenía sobre la lesión no era cierta. Todavía me quedaban muchos meses de rehabilitación, que realizaba en una clínica a más de media hora en coche de ida y otra media de vuelta, a la que estaré siempre totalmente agradecido por la increíble recuperación física que conseguí y por el trato que me dieron todos los fisios.

La situación no mejoraba, y cada vez me encontraba más recuperado físicamente, pero a la vez más agobiado por mis miedos. Tenía que dar uno o varios pasos más pero no me atrevía. Por otro lado, no me sentía comprendido por mis entrenadores, lo que me hacía pensar que estaba defraudándoles. Lo único que me hacía ver que no estaba solo en todo esto era el apoyo de mi familia, que desde el primer día de rehabilitación estuvieron a mi lado ayudándome en todo lo que podían.

Cuando me dieron el alta tras ocho meses de rehabilitación, me sentí feliz porque la lesión ya estaba casi al cien por cien recuperada, pero, como digo, tenía “vértigo” de lo que estaba por llegar.

El médico me dijo que podía empezar a hacer los mismos saltos que antes. Físicamente estaba preparado, pero mentalmente no. Si la cabeza dice que no, el cuerpo no puede hacer nada, por muy preparado y recuperado que se esté.

Junto a estas inseguridades y miedos aparecían comentarios como “que cagado es” o “ya no eres el mismo”. La verdad es que me he planteado este último muchas veces, porque quizá es el que más me dolía, y después de todo saqué una conclusión: yo soy el mismo, pero por una serie de circunstancias como en este caso dos operaciones de rodilla con 14 años tengo que ser más precavido para evitar que esto me vuelva a pasar.

Las semanas pasaban y todo iba a peor. Llegué a un momento en el que me sentía absolutamente bloqueado. No hablaba ni expresaba lo que me estaba pasando y dejé de disfrutar del deporte que llevaba practicando desde los ocho años, pero aún así seguía yendo a entrenar. Las competiciones se convirtieron en algo que tan solo quería que acabara cuanto antes sin volver a lesionarme. Todo se me hacía cuesta arriba y no sabía qué es lo que tenía que hacer.

Finalmente, decidí dejar de hacer gimnasia por todos estos miedos que me impedían avanzar. Fue una decisión muy dura y difícil, pero necesitaba salir de ese bloqueo.

Pasado un mes, empecé a pensar que a lo mejor podía volver a intentarlo. Echaba de menos hacer todos los aparatos y sentía que todavía me quedaba algo más por dar de mi en este deporte, pero tenía miedo de que se repitiera esta situación.

Fue entonces cuando conocí a Fernando, mi psicólogo, quien desde el primer momento me entendió y me dio muy buenos consejos. Me ayudó a darme cuenta de que no tenía por qué tener miedo de darme una segunda oportunidad y volver a entrenar.

Me había recuperado físicamente de la lesión, pero psicológicamente no lo estaba. Muchas veces se nos olvida la importancia que tiene esto y lo dejamos pasar, pero es algo esencial. Por ello, con la ayuda de Fernando comencé una nueva fase a la que podría ponerle un nombre: “Redescubrimiento”.

La importancia de rehabilitar la mente en lesiones deportivas (mi experiencia personal)

He vuelto a disfrutar de la gimnasia y, aunque todavía me quedan muchos miedos por superar y la actitud puede también mejorar, noto un enorme avance. Me he fijado una serie de objetivos que poco a poco estoy consiguiendo. Otro de los aspectos que tenía que trabajar claramente era, como he dicho antes, mi problema con la comunicación. Había que conseguir una comunicación asertiva, y es algo que a día de hoy estoy consiguiendo.

Tengo, como todo el mundo, días malos, o incluso semanas, pero lo importante es, aunque sea lo que siempre nos dicen, ser feliz y disfrutar mientras hacemos algo, que en este caso es gimnasia, pero podría extrapolarlo a otras situaciones, como los estudios o incluso relaciones personales. Si no eres feliz ni disfrutas de lo que estás haciendo, es mejor que no lo hagas, o que te plantees qué puedes hacer para mejorarlo.

En resumen, después de dos operaciones de rodilla y todos los miedos que me produjeron, a día de hoy, dos años después de la última, puedo decir que estoy volviendo a disfrutar tanto de la gimnasia como de otras muchas cosas en mi vida, y espero poder seguir avanzando todavía más. A veces es necesario tocar fondo para darse cuenta de lo que está pasando y pedir ayuda para así coger impulso y volver a ser feliz, o al menos intentarlo.

Por Miguel Álvarez (gimnasta deportivo y usuario UPAD)

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